Morcilla Artesana: de Año, de Cebolla y de la Sierra

Nuestra morcilla artesana se elabora como se ha hecho siempre en los pueblos: con especias naturales, embutido tradicional y curación al aire de la sierra. De año para el picoteo, de guiso para el puchero — sabor de matanza auténtico que convierte un cocido normal en el cocido de la abuela.

La tradición de la sierra, directa del obrador.

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Preguntas Frecuentes

En España existen múltiples variedades regionales de morcilla artesana. Las más reconocidas son la morcilla de Burgos (con arroz y cebolla), la morcilla de León (con pimentón y especias), la morcilla extremeña (con cebolla y pimentón), la morcilla asturiana (con carne y tocino) y la morcilla andaluza (con calabaza o cebolla y especias). Cada receta refleja la tradición gastronómica de su comarca de origen.

La morcilla artesana se puede cocinar de múltiples formas: a la plancha o en sartén cortada en rodajas, al horno, a la brasa, frita, cocida o incorporada en guisos como lentejas, fabada o cocido. Para consumirla como aperitivo, la mejor opción es hacerla a la plancha a fuego medio y servirla caliente sobre pan tostado.

Las morcillas artesanas que seleccionamos están elaboradas sin conservantes artificiales. Los únicos conservantes naturales que pueden contener son la sal y el pimentón, que actúan como conservantes naturales desde hace siglos. Esto hace que sean productos más perecederos que los industriales, pero con un sabor y calidad muy superiores.

La morcilla artesana fresca debe conservarse en el frigorífico y consumirse en los primeros 5-7 días. La morcilla curada o semicurada puede conservarse en un lugar fresco y seco varias semanas. Si llega envasada al vacío, respeta siempre la fecha de consumo preferente indicada en el envase.